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Doncel de Mataperras 2009 de Bodegas Marqués de Velilla: ‘grande, muy grande, camino de la gloria’.

La guía ‘Vivir el Vino‘, con su selección de 365 vinos,
otorga 94 puntos a Doncel de Mataperras 2009 describiédolo como
grande, muy grande…Camino de la gloria.’
‘Un tinto de pago, de alta expresión, fruto de las cepas más viejas de la bodega, concebido para ser la viva imagen del terruño del que nace.Seductor, elegante, sorprendente.

Elaborado para escribir la historia de la bodega con letras mayúsculas’.

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Descubre más sobre Doncel de Mataperras 2009.

Alejandro Fernández, genio y leyenda de la Ribera del Duero. Padre de Tinto Pesquera, un clásico inmortal.

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Descripción:

Alejandro Fernández es una leyenda.
Es la viva imagen de un hombre hecho a sí mismo.

Desde su infancia alimentó su sueño bodeguero y, siguiendo la tradición familiar aprendida de sus padres, de niño ya elaboraba sus propios vinos cada año con uvas de sus pequeños viñedos.

Desde sus comienzos como bodeguero en los años 80, Alejandro Fernández ha sido considerado un verdadero revolucionario y visionario en la elaboración de vinos en la Ribera del Duero, convirtiéndose éstos en un modelo a seguir por otros viticultores y bodegueros.

Trabajador incansable, Alejandro Fernández tiene toda la sencillez y sabiduría de un hombre del campo castellano que supo lograr con su empeño, cariño y tesón unos nuevos Ribera que bien han merecido ser equiparados a los legendarios Pétrus por el reputado Robert Parker.

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Filosofía:

El trabajo es una constante en su discurso. Y es que Alejandro disfruta de su ocupación y lejos de pensar en la retirada afirma: ‘Yo descanso trabajando, en mis bodegas soy feliz y mientras tenga salud, permaneceré al frente del negocio’.

Son sus cuatro hijas un apoyo indispensable para él, especialmente Eva, quien se encarga de las vendimias y la elaboración de las cosechas en un tándem perfecto que representa mejor que cualquier otra cosa la comunión entre la innovación que aporta Eva y la tradición y la experiencia de Alejandro.

Así, las señas de identidad de Tinto Pesquera son la calidad y la perfecta conjunción entre tradición y modernidad.

Tinto Pesquera es una bodega sin artificios que refleja la personalidad de su creador, un hombre de ideas claras y directas, con el temple envidiable del agricultor que conoce bien la paciencia, la perseverancia y los beneficios de la espera.

Pese a sus constantes éxitos y reconocimientos, Alejandro es acérrimo defensor de la contención de precios que sigue a raja tabla, con la firme convicción de que el vino es para disfrutarlo, no para especular.

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Historia:

Alejandro Fernández nació en 1932 en Pesquera de Duero.Desde su infancia en que, siguiendo la tradición familiar, elaborara vinos procedentes de pequeños viñedos alimentó el sueño de ser elaborador con bodega propia.Antes que bodeguero fue agricultor, carpintero, herrero y creador de máquinas para el campo. Tanto es así que, los depósitos de acero inoxidable, las barras para conducir las espalderas y las máquinas para limpiar las barricas han salido de su taller.

Fue su carácter innovador el que le empujó a emprender su andadura personal como bodeguero y con el negocio de la maquinaria agrícola -posee tres patentes- pudo reunir los ahorros suficientes para iniciar su proyecto.

En el año 1972 el joven Alejandro Fernández hizo por fin realidad su sueño largamente perseguido cuando, movido por la ilusión de tener su propia bodega en la que elaborar vinos artesanales, adquirió un pequeño lagar de piedra del siglo XVI en su pueblo natal, Pesquera de Duero.

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Tres años más tarde, en 1975, su proyecto se consolidaba con el alumbramiento de su primer vino, Tinto Pesquera.

Éste, convertido hoy en un clásico de la Ribera y buque insignia de sus bodegas, conocido y reconocido tanto en nuestro país como fuera de nuestras fronteras, fue merecedor de 98 puntos Parker en 1982.

Con él, Alejandro Fernández se convertía, junto con Vega Sicilia, en el primero en elaborar unos nuevos Ribera que cambiarían el futuro de la región y que a la vez marcaron una estela a seguir. Nuevos tintos que se alejaban de los claretes acostumbrados, menos alcohólicos y de una calidad inaudita hasta el momento.

En el año 1987 y tras 15 años de duro trabajo en aquel pequeño lagar de piedra, germen de una de las bodegas más prestigiosas en la actualidad, empezaron a crecer los viñedos de Alejandro Fernández.

En 1993 el Grupo Pesquera lograba la autosuficiencia: todo el proceso, desde la cepa hasta la botella, transcurre de puertas adentro.

Hoy, su sueño es una realidad que ha superado todas las expectativas y, lejos de acomodarse y contemplar el éxito de sus vinos, Alejandro sigue al pie del cañón convirtiendo sus bodegas en un punto de referencia a nivel internacional y situando sus vinos entre los 100 vinos más prestigiosos del mundo.

Y es que Alejandro Fernández, alma mater del Grupo Pesquera, visionario, creativo y genio incansable, nunca desaprovechó una oportunidad.

Ha sabido materializar sus proyectos contribuyendo además de manera decisiva a la evolución de las zonas vinícolas en las que ha desembarcado.

Tinto Pesquera fue la primera piedra del Grupo Pesquera que hoy se consolida con Condado de Haza, también en la D.O. Ribera del Duero; Dehesa La Granja en la D.O. Vino de la Tierra de Castilla y León, y El Vínculo con vinos acogidos a la D.O. La Mancha.

Emplazamiento y denominación:

La bodega se emplaza en Pesquera de Duero en la provincia de Valladolid, en la Comunidad de Castilla y León, inscrita en la D.O. Ribera del Duero.

Pesquera, con una larga tradición vinícola, ha sido a lo largo de su historia un lugar geográficamente privilegiado por la bondad de sus tierras y un punto crucial de caminos.

Con el establecimiento de pueblos pastores y agricultores desde tiempos remotos, ha tenido a lo largo de la historia una gran vitalidad social y económica.

Viñedos:

Abogando siempre por el viñedo propio, a orillas del río Duero, a la vera de chopos, sauces y alamedas, crecen las 200 hectáreas de Tempranillo -variedad fetiche de Alejandro- en espalderas bajas para aprovechar mejor el calor.

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Clima y suelos:

Los viñedos, a una altitud de 1000 metros sobre el nivel del mar y en suelos pobres de arenas y gravas sobre un fondo de calizas y arcillas, ideales para la vid.

Éstos se encuentran bajo el influjo del clima continental, con inviernos rigurosos y de frecuentes heladas, en los que las temperaturas pueden descender hasta los 10°C bajo cero, pudiendo llegar ocasionalmente a los 20°C bajo cero, y una pluviometría anual baja, de 300 a 550 l/m² al año.

La insolación, que oscila entre las 2.200 y las 2.800 horas anuales, y los veranos frescos y secos, favorecen la excelente calidad final del fruto, fabricando aromas y sabores repletos de matices que las uvas atesoran.

Sus vinos:

Contando con 7.500 barricas de roble americano y francés para la crianza, Tinto Pesquera elabora vinos en los que la madera guarda un enorme respeto hacia la fruta.

Y es que, Alejandro ha apostado siempre por la expresión de un gran suelo y un magnífico microclima por encima de la madera, aún cuando durante la época de los 80 todo el mundo seguía la moda elitista de los grandes reserva.

La mejor Tempranillo otorga a los vinos de Alejandro Fernández su característico tanino dulce de la fruta madura ofreciendo una agradable ambigüedad entre astringencia -sensación que produce el vino con elevada presencia de taninos de poderlo masticar- y suavidad.

Vinos sin clarificar que, con el paso de los años, ganan en complejidad y en matices sin perder su carácter original y que han hecho de Tinto Pesquera un emblema de calidad dentro y fuera de nuestras fronteras y que le han valido situarse entre las bodegas más prestigiosas de nuestro país.

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Producción:

No obstante ser una bodega de referencia a nivel internacional, Tinto Pesquera es fiel a la idea de la elaboración de vinos artesanales y, aunque sus instalaciones están dotadas de la tecnología más innovadora para la elaboración de vino, Pesquera sigue siendo un negocio modesto que huye de la masificación apostando por los bajos rendimientos en pro de la calidad.

Así, con una producción de 800.000 botellas, su destino es 20% regional, 35% nacional y 55% exportación.

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Marqués de Velilla, máximo respeto al terruño y biodinámica desde el corazón de la Ribera del Duero

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Asentada sobre fuertes y recias tierras cercanas al Duero, y bajo el influjo del clima de la D.O. Ribera del Duero, a veces extremo, Marqués de Velilla elabora caldos rotundos y complejos, de carácter y personalidad inconfundibles.

Un viejo y majestuoso pino Doncel de Mataperras, con más de cuatro metros de perímetro y una altura superior a 23 metros, que ha sobrevivido a siglos de historia, emerge de entre pinos, encinas, enebros, y viñas. Es el emblema de Marqués de Velilla.

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La filosofía de la bodega tiene como pilar fundamental el respeto a la identidad y personalidad de los suelos y su meticuloso estudio, de forma que trabajan la tierra de manera biodinámica y con productos ecológicos.

Los vinos elaborados por Marqués de Velilla son un referente de calidad y están avalados por el trabajo de un gran equipo. Son vinos tintos profundos, complejos, reflejo de la tierra en la que nacen, auténticos vinos de pago, de finca.

historia_10 HISTORIA

En 1985 la familia segoviana Hernández de Mercado fundó las bodegas Marqués de Velilla.

En 1989 adquirieron en el pueblo de La Horra una de las fincas más espectaculares de la zona, Monte Villalobón, a la que se trasladaron en 1996.

Es a partir de 1998 que Marqués de Velilla se autoabastece de su propia materia prima gracias a las 183 hectáreas plantadas de viñedo propio.

En el año 2000, las actuaciones que se llevan a cabo en la bodega para dotarla de la tecnología más avanzada en la elaboración de vino, la convierten en una de las bodegas más modernas dentro de la D.O. Ribera de Duero.

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empla_10 EMPLAZAMIENTO

La bodega y los viñedos de Marqués de Velilla se sitúan en el corazón histórico de la Ribera del Duero, en el triángulo formado por Roa, La Horra y Anguix, en la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León.

La bodega, se sitúa en las inmediaciones del pequeño pueblo de La Horra, con una población de 377 habitantes y una economía basada principalmente en la agricultura, y particularmente en el cultivo de la vid.

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En un alto de la finca Monte Villalobón se encuentra situada la bodega, perfectamente integrada en el paisaje y de curiosa mezcla de estilos entre rústico castellano y colonial.

Cuenta con unas instalaciones dotadas de la tecnología más puntera que les permite elaborar caldos uniendo la tradición y el saber hacer de la Ribera con los métodos enológicos más vanguardistas, obteniendo así vinos con alma.

Además, la Bodega Marqués de Velilla es propietaria del monte de La Horra con más de 600 hectáreas de bosque de pino mediterráneo, entre las que se ubican las 11 viñas con 183 hectáreas de viñedo plantado.

Así, en plena naturaleza, en un entorno paisajístico excepcional, Marqués de Velilla dispone también de zonas destinadas al enoturismo.

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variedad-20-01 VIÑEDOS

Bodegas Marqués de Velilla cuenta con un total de 183 hectáreas de viñedo propio repartidas en un 88% de Tinta del País, un 8% de Cabernet Sauvignon y un 4% de Malbec y Merlot.

El profundo estudio y conocimiento de los suelos sobre los que se asientan sus viñedos les ha llevado a clasificarlos en 18 tipos de terruños distintos que trabajan de manera expresa e individualizada atendiendo a sus necesidades particulares: alimentación hídrica, ciclo vegetativo, climatología, composición, orientación…

Así, la bodega produce cuatro categorías de vino según la selección del origen de las uvas, su edad, la singularidad de las añadas y los distintos métodos de elaboración y envejecimiento aplicados.

Sus 183 hectáreas de viñedo y los 18 tipos de terruño se distribuyen en 11 viñas distintas que se vinifican de forma independiente:

CarraRoa:

Plantada en 1991 con la variedad Tempranillo, cuenta con una superficie de 24,7 hectáreas repartidas en dos parcelas debido a la presencia de dos tipos de suelos distintos colluvioso areno-guijoso calcáreos sobre gravas areno-arcillo-calcáreas.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por el aporte de fruta, su vivacidad y su vigor medio otorgado por las gravas y el frescor de la tierra.

La Vega del Conde:

Plantada en 1991 con las variedades Tempranillo y Cabernet Sauvignon, cuenta con una superficie de 17,5 hectáreas repartidas en tres parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol areno-arcillo-limoso sobre arenas compactas y areno-arcilloso con calizas muy compactas-arenas finas con ocres micáceos.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por tener cuerpo sin llegar a ser muy potentes gracias a la arcilla que contiene.

La María:

Plantada en 1994 con las variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Merlot, siendo algunas de sus subparcelas de las que se obtiene el mejor fruto,  cuenta con una superficie de 23,7 hectáreas repartidas en tres subparcelas debido a la presencia de suelos distintos calientes con buen drenaje de calcosol con gravas arenoso sobre arcillas calcáreas. Son suelos calientes con buen drenaje.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por su profundidad y complejidad que otorga la caliza, y la alta calidad gracias al poco vigor y a la selección clonal por los que se producen racimos pequeños.

Curillas:

Plantada en 1991 con las variedades Tempranillo y Cabernet Sauvignon, cuenta con una superficie de 5,8 hectáreas repartidas en dos parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol areno-guijoso sobre gravas calcáreas.
Los vinos procedentes de esta  viña son suaves y frutales gracias al moderado estrés hídrico que sufre la planta al no tener sus raíces demasiado profundas.

El Frescal:

Plantada en 1992 con la variedad Tempranillo, cuenta con una superficie de 14,8 hectáreas repartidas en cuatro parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol arcillo- arenoso sobre cascajos limoso-arcillo-calcáreos compactos y arcillas pesadas muy compactas.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por ser muy potentes, sobre todo en los años cálidos. En los años secos, otorga a los vinos taninos muy redondos y nada secantes.

La Encina:

Plantada en 1992 con las variedades Tempranillo y Cabernet Sauvignon, cuenta con una superficie de 7,1 hectáreas repartidas en cuatro parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol arcillo-arenoso profundo sobre arenas calcáreas muy compactas con zonas ocres no calcáreas.
La calidad de la uva mejora en los años secos y los vinos procedentes de esta viña se caracterizan por su potencia media y buena acidez.

El Membrillo:

Plantada en 1993 con la variedad Tempranillo, cuenta con una superficie de 12,3 hectáreas repartidas en tres parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol areno-arcillo-limoso colluvial humífero sobre gravas calizas.
Este tipo de suelo produce una uva sin excesiva estructura y falta de madurez que propicia el carácter herbáceo en sus vinos.

Pozuelos:

Plantada en 1993 con la variedad Tempranillo, cuenta con una superficie de 21,8 hectáreas repartidas en dos parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol arcillo-arenoso sobre bloques limo-arcillo-calcáreos compactos y arcillas pesadas muy compactas.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por ser muy complejos y de mucha pureza, produciendo los vinos más potentes de la finca cuando las condiciones climáticas son óptimas.

La Picona:

Plantada en 1995 con las variedades Tempranillo y Malbec, cuenta con una superficie de 24,7 hectáreas repartidas en cinco parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol arcillo-arenoso sobre cascajos limo-arcillo-calcáreos compactos y arcillas pesadas muy compactas.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por ser potentes y elegantes.

El Charcón:

Plantada en 2000 con las variedad Tempranillo, cuenta con una superficie de 25,2 hectáreas repartidas en tres parcelas debido a la presencia de suelos distintos de calcisol arcillo-arenoso con mucho fondo, sobre bloques calizos compactos y zonas ocres no calizas.
Las uvas producidas en esta parcela dan vinos francos y directos, con una estructura suficiente para crianzas cuya complejidad irá en aumento con el tiempo.

La Bodega:

Plantada en 1992 con las variedades Merlot y Cabernet Sauvignon, sus 5,4 hectáreas rodean el edificio de la bodega de Marqués de Velilla. Éstas se reparten en tres parcelas debido a la presencia de suelos distintos de colluviosol limo-arcillo-arenoso con arcillas arenosas ligeramente calcáreas.
Los vinos procedentes de esta  viña se caracterizan por ser suaves y muy afrutados, idóneos para la producción de vinos jóvenes.

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clima_10 CLIMA

Las condiciones climáticas en la Ribera del Duero, en ocasiones extremas, vienen marcadas por su elevada altitud media de 750 a 1.000 metros y su continentalidad, que se plasman en unas temperaturas invernales rigurosas con frecuentes heladas.
Son éstas una constante preocupación desde finales del otoño hasta la primavera.
Ocasionalmente, la temperatura puede descender hasta  los 20°C bajo cero.

La temperatura media se sitúa en torno a los 12°C y la oscilación térmica anual alcanza los 18 o 20°C, valores positivos para conferir propiedades especiales de fuerza a la planta y sabor a la uva.
El viento también puede amenazar a los viñedos.

Las precipitaciones son escasas e irregulares, de 300 a 550 l/m² al año.

La insolación, que oscila entre las 2.200 y las 2.800 horas anuales, y los veranos frescos y secos, propician una buena calidad final del fruto.

Así, temperaturas, insolación y precipitaciones conforman una infraestructura ecológica propicia para producciones vinícolas de calidad’.

suelos_10-01 SUELO

Las cepas se asientan sobre suelos compuestos principalmente de arcilla, gravas, arenas y caliza.
La arcilla dota a los vinos de gran potencia, mientras que las gravas y arenas proporcionan finura y delicadeza. La caliza produce caldos profundos y muy ricos en matices.

director PROCEDIMIENTOS

En el campo, ocupados en el  cuidado de éste y su observación, su comportamiento y evolución, realizan cada dos semanas exhaustivos análisis sobre el terreno y catas de la uva.

Los viñedos se preparan para obtener rendimientos limitados a 4.000 kg por hectárea, lo que mejora sustancialmente la calidad del fruto final, base y esencia de la calidad de sus vinos.

La vendimia, tras una selección inicial de las uvas en el mismo viñedo y condicionada siempre por los dictados de la climatología, se realiza generalmente a principios de octubre de forma manual cuando la fruta ha alcanzado su punto justo y óptimo de maduración.

El traslado y recepción de la uva en la bodega, a escasa distancia, se hace en pequeñas cantidades con el fin de conservar todas las cualidades del fruto.

Selección. Durante la selección la uva pasa por la mesa de selección, eliminando así las impurezas, hojas y racimos poco maduros, para obtener solo la uva de mejor calidad que es llevada a los depósitos.

Durante la elaboración, en las instalaciones equipadas con la última tecnología, los vinos son tratados según el potencial y la evolución que revelan a lo largo de todo el proceso.
En Marqués de Velilla combinar la sabiduría de los métodos tradicionales y la efectividad de las herramientas de la enología moderna para, en función del tipo de vino que buscan en cada subparcela, desarrollar también un proceso de elaboración diferente. Así, dependiendo de la añada y del tipo de vino a obtener, modifican la elaboración para buscar la selección más adecuada.

Las fermentaciones,  clásicas, se adaptan al vino a obtener, modificando tiempo de maceración y temperatura.
Los depósitos se revisan y analizan diariamente, y las catas periódicas permiten saber que se obtendrá de cada uno de ellos para poder seguir el proceso en consecuencia.

Crianza.  Una vez completado el proceso de fermentación, se escoge el tipo de barrica más adecuada en función de las características de cada depósito y del envejecimiento que se quiere llevar a cabo según el vino.
De esta manera, no todos los años utilizan el mismo tipo de barricas ni recurren al mismo tonelero.
La crianza, al igual que la fermentación,  se lleva a cabo en barricas separadas según el tipo de variedad y el suelo del que procede la uva, para después realizar el ensamblaje, pudiendo determinar así  a qué categoria de vino se destinará cada subparcela.

En el laboratorio,  llevan a cabo un constante y concienzudo trabajo que ejecutan durante todas la fases del proceso y que es la garantía de la calidad y el sabor de sus vinos.
Los depósitos se revisan y analizan diariamente, y las catas periódicas permiten saber que se obtendrá de cada uno de ellos para poder seguir el proceso en consecuencia.

Afinamiento en botella. Cuentan con una bodega botellero en la que una vez embotellado el vino, éste acaba de redondearse para poder ofrecer todo el potencial de calidad por el que se caracterizan los vinos de Marqués de Velilla.

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mapa-d-o-01 D.O. RIBERA DEL DUERO

El inicio del cultivo de la vid en la Ribera del Duero se remonta a la colonización romana, pero es durante la repoblación medieval del Duero cuando la viticultura experimenta su mayor expansión ya que el vino resulta indispensable para el culto religioso y es además un signo inequívoco de la voluntad de permanencia y de estabilidad adquirida en un territorio conquistado.

Las uvas autóctonas fueron el soporte productivo de los caldos tan codiciados por monjes, nobles y la propia realeza.

Durante la Edad Moderna, la presencia de la Corte castellana en Valladolid y el desarrollo económico alcanzado por algunas ciudades como Segovia, Medina del Campo, Salamanca o Burgos, favorecieron la consolidación del sector.

A pesar de infortunios y avatares tales como la filoxera,  la ausencia de infraestructuras ferroviarias en el pasado, el éxodo rural, la Guerra Civil, la concentración parcelaria, la difusión del cereal y un largo etc., la viticultura en Ribera del Duero, luchadora nata, ha sabido sobreponerse y ha renacido como el Ave Fénix que resurge de sus cenizas,  consolidándose en la Denominación de Origen Ribera del Duero, sinónimo de calidad y tradición y una de las más prestigiosas regiones vitivinícolas de España, nombrada Mejor Región Vinícola del Mundo en 2012 por los Winestar Awards.

La D.O. Ribera del Duero, creada en 1982, es sinónimo de calidad, tradición e incorporación de nuevas tecnologías en pro de la viticultura y la elaboración de vino.
Nos ofrece magníficos caldos: complejos tintos y Crianzas de sutil elegancia y aromas profundos. Deliciosos vinos jóvenes, brillantes, frescos y muy afrutados, que a la vez tienen la capacidad de envejecer magníficamente para dar lugar a Gran Reservas.

La Denominación también ampara la elaboración de rosados.

Sus vinos deben estar elaborados con al menos un 75% de Tempranillo, también conocida en la zona como Tinto Fino o Tinta del País y el resto, con las variedades autorizadas Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha Tinta.

bot_vino2VINOS – D.O. Ribera del Duero.

· Doncel de Mataperras 2005, tinto. 100% Tinta del País. Doce meses en barrica de roble francés + dos meses en depósito de madera.
De color rojo granate muy cubierto con bordes violáceos, es en nariz, rico en matices de fruta madura en armonía con su carácter especiado y mineral. En boca es carnoso con mucha concentración. Transmite elegancia, frescor, amplitud y complejidad.
Perfecto con cualquier estofado o guiso.

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 · Marqués de Velilla Crianza 2010, tinto. 100% Tempranillo. Doce meses en barrica bordelesa de roble francés + doce meses de afinamiento en botella.
Color cereza picota con ribetes violáceos. Limpio, brillante y de capa alta. Abundante lágrima. En nariz es de elevada intensidad aromática, con aromas limpios y apetitosos de fruta negra madura sobre tostados, con expresivos, especiados y refrescantes toques balsámicos. En boca es elegante, muy sabroso y fresco. De largo recorrido, sedoso, lleno de fruta madura entremezclada con torrefactos. Excelente acidez y taninos amables y jugosos. Final largo de gran persistencia.
Compañero ideal de un buen asado de cordero al estilo sepulvedano o de chuletón leonés.
Buen acompañante de cocido maragato u otro guiso de la zona.
Con postres, no desentonará con un buen chocolate astorgano y sorprenderá con un ponche segoviano.
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· Marqués de Velilla Reserva 2009,  tinto, Reserva 2001. 100% Tinta del País. Doce meses en barrica bordelesa nueva de roble francés + 24 meses de afinamiento en botella.
De color rojo cereza muy intenso, capa alta y lágrima fina. Aroma intenso en el que la fruta roja madura toma protagonismo, acompañada de notas especiadas y de crianza muy expresiva. Sutiles toques minerales y de cacao. En boca es muy sabroso, llena la boca de fruta madura y finas maderas. Sedoso, elegante y redondo con buena acidez.
Ideal para acompañar jamón, embutidos y quesos curados.

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· Finca La María 2012,  tinto, 100% Tempranillo. Doce meses en barrica bordelesa de  roble francés y americano + seis meses de afinamiento en botella.
De color rojo picota oscuro, es de nariz frutal y especiada, equilibrada y elegante. En boca es de ataque redondo y mucha personalidad, privilegiada con frutas maduras y especies bien integradas con taninos agradables y sin agresividad.
Como acompañamiento de guisos de carne, cordero relleno, perdiz, estofado.

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Dehesa de los Canónigos, la tradición de tres generaciones en la D.O. Ribera de Duero

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Situada en Pesquera, en un entorno idílico y bañada por las tranquilas aguas del Duero, la finca Dehesa de los Canónigos tiene la importancia de haber sido, junto con su matriz, la primera finca en haber plantado la vid para la repoblación del Duero durante la Edad Media, con vides procedentes de Borgoña.

Las reminiscencias religiosas tienen su origen en el clero vallisoletano, a quien perteneció hasta 1842 cuando fue puesta a la venta.

Tras sucesivos dueños, fueron los suegros de Luis Sanz Busto, actual propietario, quienes adquirieron la finca en 1931.

Desde entonces, ha pertenecido a la familia y ha sido Luis quien, con mucho empeño, esfuerzo y cariño, y valiéndose de lo que cosecharon los anteriores propietarios que la finca ha tenido con el paso del tiempo, ha logrado situar Dehesa de los Canónigos en el lugar de excelencia que hoy ocupa.

Sus hijos Belén e Iván, con su preparación académica y la experiencia y pasión por la viticultura que su abuelo y su padre les transmitieron, son hoy dos firmes puntales en los que Luis se apoya para llevar la propiedad.
Lo llevan en la sangre.

Esta perfecta sinergia entre generaciones hace que Dehesa de los Canónigos se ayude de la tradición para caminar hacia el futuro.

En Dehesa de los Canónigos, comprometidos con nuestra cultura vitivinícola, trabajan con dedicación para dar a conocer sus vinos con D. O. Ribera del Duero en los países de más proyección internacional, habiéndose abierto paso en USA, China, México y en el exclusivo mercado francés de la mano de Cave Bruant, entre otros.

Asimismo apuestan por el deporte, organizando actos y esponsorizando equipos deportivos, y por el arte español, participando como vino oficial en eventos de tanto calado como la Bienal de Venecia de Arquitectura.

Dehesa de los Canónigos juega demás un papel clave en el enoturismo por el que Belén hace una apuesta personal: su bucólica naturaleza, su frondoso pinar, sus centelleantes olivos, sus viñedos tendidos como una aterciopelada alfombra sobre el llano y las colinas a orillas del Duero con sus serpenteantes aguas, sus antiguas caballerizas convertidas en acogedores salones, su luz, su aire… Todo ello hace de Dehesa de los Canónigos el lugar donde enamorarse del vino.

historia_10 HISTORIA

El nombre con resonancias religiosas de Dehesa de los Canónigos se debe a que fue uno de los veintidós canónigos que pertenecieran al Cabildo de la Catedral de Valladolid.

Hasta que en 1842 pasó a convertirse en bien nacional y fue puesta a la venta, junto con muchos otros bienes entre los años 1836 y 1853, con el fin de sufragar la deuda del estado.

Fue D. Toribio de Lecanda y Campo quien compró Dehesa de los Canónigos y quien construyó su residencia a imagen de un caserío vasco en recuerdo de su añorada tierra.
Su abuelo, un ingeniero belga, construyó las grandes naves que hoy albergan la Bodega de Dehesa de los Canónigos.

Dos propietarios después, en 1931, la finca cambió nuevamente de manos: Ildefonso Cid y Vicenta Sánchez, provenientes de una familia de harineros y abuelos de los actuales gestores, compraron la finca al enterarse de la enfermedad de su hija Luz y siguiendo los consejos médicos que recomendaron a ésta una vida en el campo.

Los dos hijos varones del matrimonio, Arturo y Juan se convirtieron en los auténticos pilares del negocio hasta que en los años sesenta decidieron vender. No lo quiso así el destino cuando, su hermana Luz, casada con un médico llamado Luis, apostó por la finca en memoria de los buenos momentos que ésta pasó en ella durante su infancia.

Así, por su esposa y por la gran estima y cariño que siempre sintió por su suegro, Luis se comprometió con todo su empeño a llevar la propiedad aunque con ello, debiera dejar la medicina.

Desde 1969, en que Luis Sanz Busto renunciara a su carrera médica, puso todo su empeño, trabajo y cariño en la empresa familiar.

Son actualmente Belén e Iván, dos de los cuatro hijos del matrimonio, quienes, habiendo compartido desde pequeños junto a su padre y a su abuelo la afición por la agricultura y la viticultura, llevan a gran entusiasmo el peso de la bodega.

Siendo la tercera generación de la familia al frente de Dehesa de los Canónigos, Belén e Iván han hecho una apuesta por el Enoturismo con el deseo de transmitir el amor por la cultura del vino y la tierra.

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Dehesa de los Canónigos se levanta a orillas del río Duero, cerca de Pesquera, en el término municipal de Pesquera de Duero, en la provincia de Valladolid, en la Comunidad de Castilla y León.

El pueblo, de 515 habitantes vive y respira por un elemento fundamental de esta parte del valle del Duero: el vino.

Pesquera, tras la que se abren unos cerros, ha sido tradicionalmente un lugar geográficamente privilegiado por la bondad de sus tierras y un punto crucial de caminos.

Con el establecimiento de pueblos pastores y agricultores desde tiempos remotos, ha tenido a lo largo de la historia una gran vitalidad social y económica.

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inst_10 INSTALACIONES

Dehesa de los Canónigos es una sencilla edificación de corte rural, cuya fisionomía refleja la larga trayectoria de una explotación agropecuaria en la que el vino ha tenido mayor o menor importancia según el contexto social y económico.

La bodega, fundada en 1988, se compone de un conjunto de pequeñas edificaciones agrupadas en torno al caserío, que sigue siendo la vivienda de Luis Sanz Busto y su familia.

La disposición del conjunto en forma de “u”, la poca altura de sus construcciones y sus muros encalados, dan al conjunto un aire más vasco que castellano.

Las naves de crianza de más de ciento cincuenta años, ahora restauradas, conservan toda su majestuosidad con sus bellas e imponentes vigas y sus muros de más de ochenta centímetros, manteniendo así una perfecta temperatura para la elaboración y crianza de los vinos.

Tras la bodega-vivienda se extiende un frondoso bosque de pino mediterráneo que se prolonga hasta las orillas del Duero que marcan los límites de la finca. Al frente, parte en el llano, parte encaramándose a las colinas, se extiende el inconfundible viñedo ribereño.

Los viñedos, de más de setenta hectáreas de Tinto Fino, Cabernet Sauvignon y Albiño, tienen la importancia de haber sido los primeros que se plantaron, con vides procedentes de Borgoña, para la repoblación de Duero en la Edad Media.

La finca cuenta también con más de noventa y ocho hectáreas de pinar piñonero, 5.000 olivos de variedad arbequina y otros cultivos de remolacha y cereal, con una moderna infraestructura de regadío.

Con el río Duero bañando estas tranquilas tierras y sus aguas refrescando la soleada finca, es el entorno ideal para el enoturismo.

dehesa_noche instalaciones

clima_10 CLIMA

Las condiciones climáticas en la Ribera del Duero vienen marcadas por su elevada altitud media de 750 a 1.000 metros y su continentalidad, que se plasman en unas temperaturas invernales rigurosas con frecuentes heladas.
Son éstas una constante preocupación desde finales del otoño hasta la primavera.
Ocasionalmente, la temperatura puede descender hasta los 20°C bajo cero.

La temperatura media se sitúa en torno a los 12°C y la oscilación térmica anual alcanza los 18 o 20°C, valores positivos para conferir propiedades especiales de fuerza a la planta y sabor a la uva.

El viento también puede amenazar a los viñedos.

Las precipitaciones son escasas e irregulares, de 300 a 550 l/m² al año.

La insolación, que oscila entre las 2.200 y las 2.800 horas anuales, y los veranos frescos y secos, propician una buena calidad final del fruto.

Así, “temperaturas, insolación y precipitaciones conforman una infraestructura ecológica propicia para producciones vinícolas de calidad”.

suelos_10 SUELO

La contribución de los suelos de predominio arenoso, cuya porosidad permite una fácil penetración del calor, alcanzando temperaturas siempre superiores a las ambientales, supone una corrección positiva para el desarrollo vegetativo.

Los suelos, complejos en esta zona, tienen su factor clave en la calidad de la tierra de sus viñedos, en la medida de la cantidad de piedra caliza y tiza que contienen: entre más del 33% (el 9% tiza activa) y alrededor del 50% (18% tiza activa) según la zona. Algunos terrenos tienen tal cantidad de tiza que parecen casi blancos.

do_10 D.O. RIBERA DEL DUERO

El inicio del cultivo de la vid en la Ribera del Duero se remonta a la colonización romana, pero es durante la repoblación medieval del Duero cuando la viticultura experimenta su mayor expansión ya que el vino resulta indispensable para el culto religioso y es además un signo inequívoco de la voluntad de permanencia y de estabilidad adquirida en un territorio conquistado.

Las uvas autóctonas fueron el soporte productivo de los caldos tan codiciados por monjes, nobles y la propia realeza.

Durante la Edad Moderna, la presencia de la Corte castellana en Valladolid y el desarrollo económico alcanzado por algunas ciudades como Segovia, Medina del Campo, Salamanca o Burgos, favorecieron la consolidación del sector.

A pesar de infortunios y avatares tales como la filoxera, la ausencia de infraestructuras ferroviarias en el pasado, el éxodo rural, la Guerra Civil, la concentración parcelaria, la difusión del cereal y un largo etc., la viticultura en Ribera del Duero, luchadora nata, ha sabido sobreponerse y ha renacido como el Ave Fénix que resurge de sus cenizas, consolidándose en la Denominación de Origen Ribera del Duero, sinónimo de calidad y tradición y una de las más prestigiosas regiones vitivinícolas de España, nombrada Mejor Región Vinícola del Mundo en 2012 por los Winestar Awards.

La D.O. Ribera del Duero, creada en 1982, es sinónimo de calidad, tradición e incorporación de nuevas tecnologías en pro de la viticultura y la elaboración de vino.
Nos ofrece magníficos caldos: complejos tintos y Crianzas de sutil elegancia y aromas profundos. Deliciosos vinos jóvenes, brillantes, frescos y muy afrutados, que a la vez tienen la capacidad de envejecer magníficamente para dar lugar a Gran Reservas.

La Denominación también ampara la elaboración de rosados.

Sus vinos deben estar elaborados con al menos un 75% de Tempranillo, también conocida en la zona como Tinto Fino o Tinta del País y el resto, con las variedades autorizadas Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha Tinta.

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vinos_10 VINOS
D.O. Ribera del Duero.

Dehesa de los Canónigos, tinto. 88% Tinto Fino, 12% Cabernet Sauvignon. Quince meses en barrica de roble americano.
· De color cereza brillante, es inicialmente en nariz, frutal en conjunto, dejando paso a matices de tostados, regaliz y chocolate, dando lugar a una gran expresión de aromas. Boca redonda con gran concentración varietal, taninos de madera y de fruta muy bien ensamblados. Es sabroso, estructurado y equilibrado, y con final persistente.

Dehesa de los Canónigos Mágnum Selección Especial, tinto. 88% Tinto Fino, 12% Cabernet Sauvignon. Dieciocho meses en barrica de roble americano.
· Color cereza intenso y brillante. Aroma potente, elegante y de gran expresión frutal, que unido a una complejidad de cacao fino y regaliz, dan lugar a una gran expresión de aromas. Boca estructurada, carnosa, taninos maduros, de final especiado y persistente.

Dehesa de los Canónigos Reserva Solideo, tinto, Reserva 2001. 85% Tinto Fino, 12% Cabernet Sauvignon, 3% Albillo. Veinticuatro meses en barrica de roble americano.
· Rojo picota. Elegante en nariz, intensos aromas primarios de frutas rojas bien compensados con los aromas especiados de madera curtida. Potente en boca, carnoso, muy sabroso, amplio y sedoso con muy buena tanicidad y acidez. Intensa vía retronasal, con aromas frutales, balsámicos, regaliz, café. Al final viene acentuado por un agradable retrogusto.

Dehesa de los Canónigos Reserva Solideo Mágnum, tinto, 88% Tinto Fino, 12% Cabernet Sauvignon, Albillo. Veinticuatro meses en barrica de roble americano.
· Color picota granate de notable intensidad. Aromático y elegante, esencia compleja de fruta madura bien ensamblada con el tostado de la madera, lo que crea un conjunto elegante y de buena intensidad. Boca potente, redonda, con excelente concentración pero suavizada por el alcohol y unos taninos que hacen el paso muy agradable. Final largo donde se reproduce su excelente nariz, con un intenso retrogusto.

Gran Reserva Especial 2001, tinto, 85% Tinto Fino, 12% Cabernet Sauvignon, 3% Albillo. Treinta y dos meses en barrica de roble americano.
· Este magnífico Gran Reserva Especial 2001, es el fruto de una selección exhaustiva de las mejores uvas procedentes de viñedos en propiedad de más de 80 años, la excelente disposición climática, un esmerado seguimiento en la elaboración y una posterior crianza en barricas de roble americano.
Cereza muy intenso con reflejos rubí, limpio y brillante. Nariz elegante y especiada, con matices de roble fino y fruta madura (vainilla, tostados, cacao, ciruelas negras). Boca amplia y persistente, taninos de madera y de fruta muy bien ensamblados, sabroso, largo, con final de boca compleja y retrogusto persistente.

Para rendir tributo a esta magnífica cosecha y enmarcar este Gran Reserva Especial 2001, se presenta en su exclusiva botella ánfora, en edición limitada de 5.000 unidades.

premios_10 PREMIOS Y GALARDONES

Sus vinos, que hoy se abren paso en los mercados internacionales como merecen, han recibido entre otros reconocimientos la Medalla de Oro otorgada por Mundus Vini der Grosse Internationale y la Medalla de Oro concedida por la International Wine Competition, Muvina 2005, por su Gran Reserva Especial 2001.

En su edición del 2012, la Guía de Vinos Gourmets, elige al Dehesa de los Canónigos Reserva 2005, Mejor Tinto con Crianza.

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Ferratus 2008: Descubre uno de los vinos más elegantes de la Ribera del Duero

Nueva cata de uno de los vinos que actualmente tenemos en Venta Privada por parte de nuestro blog amigo El Vino más Barato. Agradecer de nuevo a Dario su dedicación y pasión por el vino.

El vino tinto Ferratus 2008 está elaborado por Bodegas Cuevas Jiménez, D.O. Ribera del Duero, una bodega familiar que se marco el objetivo de elaborar los vinos más elegantes de la Ribera del Duero. Pedro y Enrique Cuevas, padre e hijo traspasaron el testigo de liderar la marcha de la bodega a María Luisa Cuevas, hija y hermana quien asumió el gran reto marcado desde la creación de la bodega. Quienes la conocen, saben que nadie como ella es capaz de poner tanta fuerza, pasión, carácter y elegancia en la elaboración de sus vinos, cosa que se descubre nada más descorchar una de sus botellas. Ferratus y Ferratus sensaciones son los vinos enseña de la bodega pero no debemos olvidarnos del hermano menor Ferratus A0 que hará las delicias de cualquiera que lo cate.

La bodega está situada entre Aranda de Duero y Gumiel de Izán en pleno corazón de la Ribera del Duero, tierra muncialmente famosa por la elaboración de grandes vinos. Además de grandes bodegas, destacan otros monumentos como numerosas galerias subterranes donde rebibir como se interpretaban las antiguas bodegas en la antigüedad.

Los viñedos con más de 40 años de antigüedad están situados a no más de 30 kilómetros a la redonda de la bodega, en los municipios Burgaleses de Olmedillo de Roa, Quintana del Pidio, La Horra, Sotillo de la Ribera y Gumiel de Izán.

El clima de la zona es continental del tipo suave debido a la influencia térmica de la cercanía con el río Duero, y su afluente el río Bañuelos. Con veranos secos, inviernos fríos y frecuentes heladas primaverales. Con una altura sobre el nivel del mar entorno a los 800 metros.

El vino objeto de nuestra cata es Ferratus 2008, elaborado con uva tempranillo, uno de los clones originales que fue plantado por los monjes en los monasterios sitos en la ribera del Duero.

Los suelos son arcillosos con toques calcáreos y con un gran drenaje.

La vendimia de esta uva es manual y seleccionada en mesa en la propia bodega.

Este vino tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble Francés y Americano, en un porcentaje del 95% y 5% respectivamente. Importante en este punto destacar el personalizado en el tostado de las diferentes barricas. Fue embotellado en abril de 2010 y ha salido al mercado en Abril de 2013, lo que nos da una idea de la evolución favorable de este vino en botella.

Nota de CATA – FERRATUS 2008

En vista se presenta, con color rojo picota y ribete granate. Limpio y brillante. Capa media, buena lagrima con velocidad media.

En nariz se presenta con aromas primarios, procedentes de la uva, a frutas negras y rojas pero sobre todo estas últimas como la mora y la grosellas. Aromas secundarios, procedentes de la fermentación, a madera bien ensamblada. Y por último aromas terciarios, procedentes de la crianza, leves recuerdos a vainilla, tabaco, café…

En boca, el ataque es suave, evolucionando con unos taninos pulidos y una buena acidez. Nunca dejan de estar presentes las frutas y las notas de la crianza, redondas y untuosas. Postgusto largo y envolvente.

Maridaje:

Saliendo de convencionalismos, tipo Cochinillo y Lechazo, nos adentraríamos en un maridaje con Cocido Madrileño o el pescado azul como por ejemplo un atún a la plancha.

Consejos útiles:

Servir este vino a una temperatura comprendida entre 16º y 18º C. Se aconseja el oxigenado de este vino, al menos media hora antes de su servicio. Es recomendable la copa tipo Burdeos para facilitar la expresión de este tinto con crianza, que debido a su forma resalta los aspectos frutales

Este vino tinto con crianza tiene una guarda estimada hasta 2019-2020.

Personalmente aconsejaría una cata comparativa del Ferratus, con diferentes tipos de copa, así podremos comprobar cómo el mismo vino tiene distintos matices dependiendo de la copa elegida.

En conclusión, nos encontramos ante un gran vino de Ribera del Duero donde la elegancia de la tempranillo consigue un vino Maduro y Redondo .

Puedes comprar el vino tinto Ferratus 2008 en el club de vinos The Winery County.

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